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Procesión del Encuentro

Al constituir por tanto esta procesión su función más destacada era obligada la asistencia a la misma de todos los cofrades, de modo que el hermano que faltase o se ausentase sin causa justificada era multado o despedido cuando estas incomparecencias eran reiteradas. En 1715 se establece una multa de 33 reales para el cofrade que no acuda a la procesión del Viernes Santo sin motivo fundado, señalándose al respecto la opción de que pudieran enviar otra persona en su lugar. En origen y previamente al inicio de la procesión, y como ejercicio preparatorio de ella, los hermanos estaban obligados a asistir a la plática del sermón de la Pasión o del Mandato. Posteriormente, en épocas más reciente los antiguos novenarios que llevaba a cabo la Cofradía fueron sustituidos por Triduos.

 

Desde el siglo XIX otra de las pláticas del Viernes Santo, y por la que se libran cantidades o derechos a los clérigos, es el llamado Sermón del Encuentro, para el que se adquiere expresamente un púlpito por parte de esta. A este respecto se adoptan también acuerdos tendentes a procurar la asistencia a la procesión, así el 1 de mayo de 1711 se decide sobre la obligación de los hermanos a acudir a esta o enviar persona en su nombre o representación, bajo pena de no decírsele las misas que por la salvación de su alma le corresponderían como cofrade a su fallecimiento. Igualmente se conmina a los sacerdotes a asistir con su hacha de cera a dicha procesión.

Puede decirse que su procesión del Viernes Santo está creada más para participar e integrarse en ella que para ser contemplada desde las aceras de las calles. Tiene esta procesión mucho de resabios medievales, de penitentes arrastrando pesadas cruces por estrechas calles y de mujeres rezando detrás de las imágenes. Hay en ella también mucho de vivencias compartidas, de vínculos que permanecen entre los hermanos, de orgullo de pertenecer a esta Cofradía. El itinerario procesional ha ido variando a lo largo de los siglos. Así hasta hace algunas décadas la procesión recorría la Calle Zamora y la Calle Cervantes (antigua calle de la Viga), así como la Calle Santa Cruz.

Particularmente resulta emotivo y lleno de recogimiento el momento en que en la Plaza Mayor benaventana se encuentran las imágenes, produciéndose la ceremonia de las venias o reverencias entre ambas. El silencio de la mañana es tan sólo roto por el rezo de las estaciones, el ruido de las pesadas cruces que arrastran los nazarenos y el repiqueteo de las varas en el pavimento. El canto de la Salve a la Virgen pone colofón a las oraciones y detenimiento en cada una de las estaciones señaladas durante el recorrido. Son momentos éstos vividos con gran intensidad y recogimiento.

Recorrido:

Sale de la Iglesia de Santa María del Azogue. Por la Calle de los Herreros La Dolorosa y por La Rúa la Imagen de Jesús Nazareno, ambas hasta la Plaza Mayor, donde se harán las ceremonias de Venia y Encuentro, continuando después la Procesión por la Calle Encomienda, Plazuela de San Juan, Calle del Hospital de San Juan, Calle de los Herreros, terminando en la Iglesia de Santa María del Azogue.

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